
Hay algo que se remueve y contrae. No son amibas. Ni líquidos biliosos por alguna gastritis. No las estalactitas que flotan en mi hígado ahora que ya no tengo vesícula. No es algo físico y sin embargo sí, lo es, porque sé muy bien cuando algo entrañable logra mover mi buena entraña. (Así como dice León Portilla –en su Visión de los vencidos– que decían mis ancestros los nahuas: La Entraña).
conmover: conmoción: cosmovisión
(movimiento siempre movimiento)
El martes 5 de junio Manu Chao dio un concierto. El lugar fue la Plaza Monumental de Playas de Tijuana. La Mera Esquina. La Puerta. Una Entrada más que Una Salida.
Generoso, gentil, amoroso, entregado. Fuerte, carismático, nativo. Raíz.
Yo-no-sé pero de aquel grupo llamado Mano Negra que ví en Guanajuato (más o menos por los tiempos de Sueño de Solentiname -esa rola que en realidad es una alabanza de viejita en templo o velando "angelitos"–) durante un Cervantino en 1991, la transición ha sido fuerte y notoria. Tanto de artista-músico como de aprehesiva- observante-público que soy. La capacidad de interpretación y evolución de un músico engolosinado con clavarse de fondo en tradiciones, culturas, formas y maneras de decir para retomarlas o apropiárselas y traducirlas dentro de un discurso personal me ha parecido todo un Gran Acontecer.(Apunto: el reciclar es parte de).
No acabo de entender porqué, días después continúo reflexionándolo. Como si algo se me hubiera sido entregado o como si yo algo hubiera perdido. En el octubre de 1991, jamás hubiera imaginado que alguna vez viviría algunos años de frontera norte. De Bordo. De División. De Caos e Incongruencia. De Comprensión. De Viaje Astral. De Piedra Angular Migrante Viajera.
No-lo-en-tien-do. Y me gusta no entender para así alargar este sónico placer.
Manu Chao después de decirle a una Tijuana vuelta loca (¿más?) que el concierto estaba dedicado a Luis Güereña, el líder muerto de los Tijuana No, (ese otro que me habla desde las esquinas polvosas de esta ciudad, entre los letreros chillones y ruidosos, ese mismo que con su banda hizo mover, a todo lo que da, a través del himno de esta ciudad, a todo un Zócalo mexica), se golpeaba el pecho con el micrófono emulando un latir de corazón.
Vamos, ¿pura mercadotecnia? creo que no. Creo que por una vez, fuera del mounstruo espectacular que es el espectáculo y que nos traga a todos vivos, esa vez, durante este concierto, se lograron fusionar algunos de los puntos clave que pudieran salvar la noche: Ese Abismo.
TIJUANA NO / Pobre de ti.

















