MONTREAL 1994
Désespéré
Les joies nocturnes d'un somnambule nu
Sont les oies blanches qui chantent le nord la nuit
Quand au printemps la terre fait mentir les désespérés
Il écoute bien sage sur une pierre saillante
Refroidie par le vent du large serti de feuilles de menthe
Ignore-t-il qu'en son âme ce trouve un désespéré?
Si le jour est sans discorde
S'il est heureux comme il le dit
Si le jour est sans désordre pourquoi fuguer la nuit
Comme un désespéré ?
Chanter les oies chantées sans tumulte
Chantez que sa peine ne soit pas d'être un adulte
Chanter les airs les amours de Borée
Pour se désespérer
Pour tous les désespérés
Désespéré
Daniel Belanger
"NO HACE FALTA SUBIRSE A LOS SUEñOS DE OTROS. CADA QUIEN TIENE SU NOCHE. HAY SONÁMBULAS E INSOMNES QUE POR LAS MADRUGADAS PREPARAN EL Sueña-vú."
Esta fue la pinta que encontró Amaranta Caballero en la pared del hotel donde vió a Lucinda-Mayra-Agnes la noche anterior. Amaranta llevaba en la mano izquierda una rama ligera, recién cortada, de flores de jacaranda. Traía también los zapatos cobalto, el cabello suelto y la visión consumada del Insectarium. Ese templo en el norte, donde las mariposas no saben que son libres.
– Mayra, ¿dónde estás?
– Agnes, necesito hablar contigo. Es urgente.
– Lucinda, tengo extraviada una parte del Manual, ¿la tienes tú?
Fueron las tres preguntas que inmediatamente le sucedieron a la lectura de las líneas que en rojo y escurriendo aún, frescas, le hablaban desde la pared. No supo si el olor a papel quemado que llegó de pronto era el anuncio de un probable infierno, o si se trataba simplemente de un juego del verano. Se quedó pensativa, casi ensimismada. Siguió andando y abrió la puerta del hotel.
– ¿En qué habitación se encuentra Agnes Pierce-Juárez? Sé que no se ha ido.
Dijo Amaranta, una de las Caballero, con la voz más pausada que pudo, mirando al hombre que se encontraba de espaldas, acomodando los periódicos del día. El hombre dejó de moverse. Se levantó quedándose de espaldas. Respondió:
– En efecto, no se ha ido.
