ASÍ CIERRA FEBRERO-LACA EMPLUMADA DE 2007
Man With A Movie Camera - R2D2 - Cinematic Orchestra
An excerpt from the 1929 film by Dziga Vertov "Man With A Movie Camera" recording life in a Russian town.
28.2.07
DEL BLOG DE MUCHACHO
Sin aquel dispuesto
líbido. Cuando
mondaste, desde
que mondaste tus
pechos fui piedra
parada.
Falo
Crispo
Fui
Tú
Cera
Clavicémbalo
Clavicembaloforme
Himen
Taladrado
Sin aquel dispuesto
líbido. Cuando
mondaste, desde
que mondaste tus
pechos fui piedra
parada.
Falo
Crispo
Fui
Tú
Cera
Clavicémbalo
Clavicembaloforme
Himen
Taladrado
22.2.07
HOY EN SAN DIEGO

“Proserpina está enamorada. El amor en tiempos del norte: Monterrey loves Tijuana”.
Jueves 22 de febrero de 2007.
San Diego State University (SDSU)
GMSC 301
(Geology, Math and Computer Science Bldg.)
6:00 pm
Tal evento simboliza el proceso de enamoramiento entre dos entidades: Monterrey y la ciudad fronteriza de Tijuana. Ocho jóvenes creadores de ambas ciudades –todos exponentes del arte actual– explorarán a través de la literatura el discurso amoroso de necesidad emotiva: la búsqueda, la exacerbación, el sentido del amor en estos tiempos postmodernos. Celebrar el amor en tal contexto es tratar de explicar que la idealización de las grandes urbes o metrópolis, no solamente exportan una imagen de límite, miedo y muerte; sino formas donde el cortejo, las prácticas del noviazgo, la verbalización del enamoramiento, la manifestación del deseo, han cambiado por la evidente globalización, pero que no se ha desvinculado, siguen permaneciendo en el interés social: es ontológico.
El evento “Proserpina está enamorada. El amor en tiempos del Norte: Monterrey loves Tijuana” presentará la unión de tales entidades a través e la lectura poética, donde el contrato fraternal entre ciudades susciten la necesidad de estrechar lazos y traducir el amor en estos violentos tiempos del norte.
Participan:

Alianza Francesa de Monterrey,
Colectivo Proserpina
y Acanto y Laurel
invitan
como parte de las actividades de
Le Printemps des Poètes / La Primavera de los Poetas,
la Alianza Francesa de Monterrey y el Colectivo Proserpina invitan a la comunidad en general al evento:
“Proserpina está enamorada. El amor en tiempos del norte: Monterrey loves Tijuana”.
Jueves 22 de febrero de 2007.
San Diego State University (SDSU)
GMSC 301
(Geology, Math and Computer Science Bldg.)
6:00 pm
Tal evento simboliza el proceso de enamoramiento entre dos entidades: Monterrey y la ciudad fronteriza de Tijuana. Ocho jóvenes creadores de ambas ciudades –todos exponentes del arte actual– explorarán a través de la literatura el discurso amoroso de necesidad emotiva: la búsqueda, la exacerbación, el sentido del amor en estos tiempos postmodernos. Celebrar el amor en tal contexto es tratar de explicar que la idealización de las grandes urbes o metrópolis, no solamente exportan una imagen de límite, miedo y muerte; sino formas donde el cortejo, las prácticas del noviazgo, la verbalización del enamoramiento, la manifestación del deseo, han cambiado por la evidente globalización, pero que no se ha desvinculado, siguen permaneciendo en el interés social: es ontológico.
El evento “Proserpina está enamorada. El amor en tiempos del Norte: Monterrey loves Tijuana” presentará la unión de tales entidades a través e la lectura poética, donde el contrato fraternal entre ciudades susciten la necesidad de estrechar lazos y traducir el amor en estos violentos tiempos del norte.
Participan:
(Monterrey, México):
Minerva Reynosa
(Tijuana, México):
Abril Castro
Lorena Mancilla
Jenny Donovan
Lorena Mancilla
Jenny Donovan
Mariana Martínez
Rafa Saavedra
Rafa Saavedra
Pepe Vázquez
Omar Pimienta
Amaranta Caballero Prado
Omar Pimienta
Amaranta Caballero Prado
21.2.07
15.2.07
PETICIÓN DE MANO
(EN MARTES, NI TE CASES NI TE EMBARQUES: HOY ADEMÁS ES TRECE)
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
"La casada infiel"
Federico García Lorca
I
Después del divorcio la segunda boda me sabe a pan.
Panegírico. Pandora.
Pan dulce sobre plato ancho a eso de las seis,
mientras la tarde cae.
Después del después está el cómo.
Siempre juraste que otra boda nunca más
y aquí estás, enamorada y revuelta,
apócrifa,
redundante.
(Largos tules de un vestido inacabado).
Laboratorio canclinesco de la neurastenia cadenciosa,
-híbrida-
Neo novia que no ve el avión porque se trata de un nuevo navío -novio- siempre en vela.
Voy a poner sobre la mesa todos los azahares.
Como desvarío inconcluso más que iconoclasta
voy a preguntar a ver si te convengo,
a ver si conmigo vienes,
a ver si
a ver
La moda de las bodas, algo así como a la usanza
de un Florentino Ariza y una Fermina Daza.
¿por qué no?
Síntomas de cólera más que de enfermedad aguda, diarréica: infección intestinal.
A mi tampoco mi rey, me vayas a dar de comer berenjenas.
Tersa piel de color violeta la mía.
Ciudad en fuga: atolondrada: al mismo tiempo: cautiva.
Tengo ganas de llorar porque no te he visto
y además yo pura leyenda negra.
Y además de todo lo de todos, desdentada.
¿Cómo le digo al cura que nomás no digo no, Diego?
Eso. Dí Ego.
Y entonces resultaré comprensiva.
II
Todo esto aquí fue parte del velo.
Lo escribí para que lo vieras. Entretuvieras.
Me interesa mi rey, saber a qué le tiras
y saber muy bien en qué cancha juegas.
Una vez le dije a Juan -soldadito de guerra-
igual que a Mambrú: qué dolor, qué dolor, qué pena.
Nadie me llevó a la Plaza Río
tampoco tenía marido
y sí era una mozuela.
También descubrí a mis muslos
nadando
como peces sorprendidos -ateridos: carcomidos: idos-.
¿De qué se trata el amor?
¿De qué se trata la guerra?
¿Vernos la cara, sentados
sin santo ni santa que nos proteja?
Vamos a barajear despacio
la sal por la sal,
la mecha y la vela.
Si quieres jugar con fuego,
corre ve y dile a San Diego
que Juana, esta tía bardeada,
llegando a la orilla del mar, lo deja.
III
IN MEMORIAM:
Con toda mi leyenda negra, me visto de Blancornelas.
*
ORACIÓN A LA ÚLTIMA VÍRGEN DE LAS VÍRGENES
¿Cómo? ¿Tan vilipendiada?
¿Cómo? ¿Tan amarillista?
Amarillista sí y vertiginosa. Empobrecidamente sucia, arrinconada y fea.
Todas las novias son bellas. Ruega por ella.
O bellacas. Ruega por ellas.
Explotación del morbo. Ruega por ella.
Explotación del amor. Ruega por ella.
Mala influencia. Ruega por ella.
Actitud cínica. Ruega por ella.
Lenguaje infalible. Ruega por ella.
Soldados y periodistas. Ruega por ella.
Los narco juniors. Rueguen por ella.
Los narco satánicos. Rueguen por ella.
Los Tucanes de Tijuana que en realidad son de Sinaloa. Rueguen por ella.
Juan Soldado. Ruega por ella.
La violada Olguita. Ruega por ella.
Santa Violencia. Ruega por ella.
Casas de Cambio. Rueguen por ellas.
Todas las farmacias. Rueguen por ella.
Todos los bares. Rueguen por ella.
Todos en el Zaca. Rueguen por ella.
En las maquiladoras. Rueguen por ellas.
Las televisiones. Rueguen por ella.
Yo que veo visiones. Rueguen por mi.
Todas las voces que oigo. Rueguen por mi.
Los secuestrados. Rueguen por ellos.
La cocaína. Ruega por ella.
La marihuana. Ruega por ella.
El crystal. Ruega por ella.
La medicina para animales. Ruega por ella.
La Tercera Nación. Ruega por ella.
Las artes visuales. Ruega por ella.
Los videastas. Rueguen por ella.
Los documentales. Rueguen por ella.
La Barda. Rueguen por ella.
Los indocumentados. Rueguen por ella.
Los ilegales. Rueguen por ella.
Los polleros. Rueguen por ella.
Santo Coyote. Ruega por ella.
El frío de enero. Ruega por ella.
La sirena policíaca. Ruega por ella.
La Noche. Rueguen por ella.
Anoche soñé que una novia no viajera, se viajaba.
Amaranta Caballero Prado
Para "El Amor en los Tiempos del Norte"
Alianza Francesa de Monterrey
Colectivo Proserpina
13 de Febrero de 2007
Tijuana, B. C.
(EN MARTES, NI TE CASES NI TE EMBARQUES: HOY ADEMÁS ES TRECE)
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
"La casada infiel"
Federico García Lorca
I
Después del divorcio la segunda boda me sabe a pan.
Panegírico. Pandora.
Pan dulce sobre plato ancho a eso de las seis,
mientras la tarde cae.
Después del después está el cómo.
Siempre juraste que otra boda nunca más
y aquí estás, enamorada y revuelta,
apócrifa,
redundante.
(Largos tules de un vestido inacabado).
Laboratorio canclinesco de la neurastenia cadenciosa,
-híbrida-
Neo novia que no ve el avión porque se trata de un nuevo navío -novio- siempre en vela.
Voy a poner sobre la mesa todos los azahares.
Como desvarío inconcluso más que iconoclasta
voy a preguntar a ver si te convengo,
a ver si conmigo vienes,
a ver si
a ver
La moda de las bodas, algo así como a la usanza
de un Florentino Ariza y una Fermina Daza.
¿por qué no?
Síntomas de cólera más que de enfermedad aguda, diarréica: infección intestinal.
A mi tampoco mi rey, me vayas a dar de comer berenjenas.
Tersa piel de color violeta la mía.
Ciudad en fuga: atolondrada: al mismo tiempo: cautiva.
Tengo ganas de llorar porque no te he visto
y además yo pura leyenda negra.
Y además de todo lo de todos, desdentada.
¿Cómo le digo al cura que nomás no digo no, Diego?
Eso. Dí Ego.
Y entonces resultaré comprensiva.
II
Todo esto aquí fue parte del velo.
Lo escribí para que lo vieras. Entretuvieras.
Me interesa mi rey, saber a qué le tiras
y saber muy bien en qué cancha juegas.
Una vez le dije a Juan -soldadito de guerra-
igual que a Mambrú: qué dolor, qué dolor, qué pena.
Nadie me llevó a la Plaza Río
tampoco tenía marido
y sí era una mozuela.
También descubrí a mis muslos
nadando
como peces sorprendidos -ateridos: carcomidos: idos-.
¿De qué se trata el amor?
¿De qué se trata la guerra?
¿Vernos la cara, sentados
sin santo ni santa que nos proteja?
Vamos a barajear despacio
la sal por la sal,
la mecha y la vela.
Si quieres jugar con fuego,
corre ve y dile a San Diego
que Juana, esta tía bardeada,
llegando a la orilla del mar, lo deja.
III
IN MEMORIAM:
Con toda mi leyenda negra, me visto de Blancornelas.
*
ORACIÓN A LA ÚLTIMA VÍRGEN DE LAS VÍRGENES
¿Cómo? ¿Tan vilipendiada?
¿Cómo? ¿Tan amarillista?
Amarillista sí y vertiginosa. Empobrecidamente sucia, arrinconada y fea.
Todas las novias son bellas. Ruega por ella.
O bellacas. Ruega por ellas.
Explotación del morbo. Ruega por ella.
Explotación del amor. Ruega por ella.
Mala influencia. Ruega por ella.
Actitud cínica. Ruega por ella.
Lenguaje infalible. Ruega por ella.
Soldados y periodistas. Ruega por ella.
Los narco juniors. Rueguen por ella.
Los narco satánicos. Rueguen por ella.
Los Tucanes de Tijuana que en realidad son de Sinaloa. Rueguen por ella.
Juan Soldado. Ruega por ella.
La violada Olguita. Ruega por ella.
Santa Violencia. Ruega por ella.
Casas de Cambio. Rueguen por ellas.
Todas las farmacias. Rueguen por ella.
Todos los bares. Rueguen por ella.
Todos en el Zaca. Rueguen por ella.
En las maquiladoras. Rueguen por ellas.
Las televisiones. Rueguen por ella.
Yo que veo visiones. Rueguen por mi.
Todas las voces que oigo. Rueguen por mi.
Los secuestrados. Rueguen por ellos.
La cocaína. Ruega por ella.
La marihuana. Ruega por ella.
El crystal. Ruega por ella.
La medicina para animales. Ruega por ella.
La Tercera Nación. Ruega por ella.
Las artes visuales. Ruega por ella.
Los videastas. Rueguen por ella.
Los documentales. Rueguen por ella.
La Barda. Rueguen por ella.
Los indocumentados. Rueguen por ella.
Los ilegales. Rueguen por ella.
Los polleros. Rueguen por ella.
Santo Coyote. Ruega por ella.
El frío de enero. Ruega por ella.
La sirena policíaca. Ruega por ella.
La Noche. Rueguen por ella.
Anoche soñé que una novia no viajera, se viajaba.
Amaranta Caballero Prado
Para "El Amor en los Tiempos del Norte"
Alianza Francesa de Monterrey
Colectivo Proserpina
13 de Febrero de 2007
Tijuana, B. C.
13.2.07
"EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL NORTE"
Hoy a las siete de la tarde-noche se llevará a cabo la petición de mano de Tijuana.
(Ella querrá dar la pierna)
Hoy me toca ser novia (entre apócrifa y necia como todas las novias ese día).
Hoy estrenaré vestido
y ramo.
(Prometo a mi prometido leérselos despacito).
Hoy como regia embajadora Minerva Reynosa viene a pedir la hermosa mano en nombre de un rey que anda en el monte. Y no le importa lo que diga San Diego.
Después de un divorcio, la nueva boda me sabe a pan.
Omar Pimienta, Mariana Martínez, Rafa Dro, entre otros, serán La Novia también.
Les esperamos, hoy, como en todas las pedidas: en La Sala
(de Lectura).

Mensaje del novio

Mensaje de la novia
Hoy a las siete de la tarde-noche se llevará a cabo la petición de mano de Tijuana.
(Ella querrá dar la pierna)
Hoy me toca ser novia (entre apócrifa y necia como todas las novias ese día).
Hoy estrenaré vestido
y ramo.
(Prometo a mi prometido leérselos despacito).
Hoy como regia embajadora Minerva Reynosa viene a pedir la hermosa mano en nombre de un rey que anda en el monte. Y no le importa lo que diga San Diego.
Después de un divorcio, la nueva boda me sabe a pan.
Omar Pimienta, Mariana Martínez, Rafa Dro, entre otros, serán La Novia también.
Les esperamos, hoy, como en todas las pedidas: en La Sala
(de Lectura).

Mensaje del novio

Mensaje de la novia
12.2.07
HACE SEIS AÑOS
El nueve de febrero, hace seis años a esta ciudad todavía no sé si como:
a) Lluvia (ácida)
b) Guano (tibio)
c) Copo de nieve (con sabor a charamusca guanajuatina)
d) Granizo (duro y azotado)
e) Hoja (con todo y árbol y libro)
f) Ángel (Luciferino)
g) Manzana (sin adán, pura eva y víbora)
h) Heroína* (empaquetada en avión)
Lo cierto es que caí, redondita, a/ante/bajo/cabe/con/contra/de/desde/en/entre/hacia/hasta/para/por/sin/según/sobre/tras Tijuana.
*Ese 9 de febrero de 2001 mi abuelo recortó la nota en el periódico El Correo de Guanajuato, decía: Sale Heroína a Tijuana.
El nueve de febrero, hace seis años a esta ciudad todavía no sé si como:
a) Lluvia (ácida)
b) Guano (tibio)
c) Copo de nieve (con sabor a charamusca guanajuatina)
d) Granizo (duro y azotado)
e) Hoja (con todo y árbol y libro)
f) Ángel (Luciferino)
g) Manzana (sin adán, pura eva y víbora)
h) Heroína* (empaquetada en avión)
Lo cierto es que caí, redondita, a/ante/bajo/cabe/con/contra/de/desde/en/entre/hacia/hasta/para/por/sin/según/sobre/tras Tijuana.
*Ese 9 de febrero de 2001 mi abuelo recortó la nota en el periódico El Correo de Guanajuato, decía: Sale Heroína a Tijuana.
9.2.07
7.2.07
1.2.07
31.1.07
30.1.07
PALMARIPOSA

Se fue pa'l mar y ahora posa.
*
DEL CUADERNO DEL CRONISTA
La libertad es un río en busca de mar.
Eliazar Velázquez
I
La libertad es un tema de filosóficos y ancestrales desvelos que auguro llegará al fin de los tiempos sin certezas absolutas, sin embargo, esta disquisición que aquí me propongo no aspira a tales lances etéreos, es más ordinaria, más acicateada por
las urgencias de vivir que por sofisticadas premisas socráticas.
II
Hace mucho tengo conciencia de los niveles de manipulación y engaño a los que estamos sometidos los ciudadanos de este país, aunque eso tampoco es nuevo o exclusivo de este tramo de los siglos, pues en todas las épocas el poder en turno entroniza a sus héroes y a sus villanos. Lo singular de estos tiempos -entre otras cosas-, es la vertical dictadura que ejercen sobre nuestras voluntades y conciencias los medios masivos de comunicación, y con particular impunidad las televisoras, que según convenga a sus intereses de acumulación se alían con alguna de las mafias del poder.
Si la inocencia fuera eterna el alma se ahorraría muchos sobresaltos, pero la suma de experiencias, información y andanzas va sedimentando certezas fundadas y en mi caso una de las más crudas es saber que en México, de día y de noche (y de modo intencionado y dirigido) la gran mayoría de los medios de comunicación se proponen embrutecer a las personas de todas las edades, pero igual de lacerante es concluir que la gente del poder político no se tienta el corazón para mentir y para acomodar las leyes en una lógica de preservación de los privilegios de sus respectivas camarillas.
Lo sé hace tiempo, pero de un modo u otro me había pertrechado de tolerancia y años atrás hasta dispuse algunas horas preciadas para hacer crónicas de políticos en campaña y en afán voyeurista me asomaba a los actos públicos sólo para confirmar como los del presidium casi siempre están buscando los chamorros de las edecanes o tienen el pensamiento en cualquier otro planeta grillesco menos en el asunto que en ese evento los ocupa. (En serio me pregunto y hasta con curiosidad, si un día recuperaré la paciencia o volveré a encontrar razones para hacer relatos periodísticos de esas ridículas pasarelas políticas).
Cuando les apagué la tele
a los locutores de noticias?
Después del pasado 2 de julio me desperté realmente preocupado por mi salud mental. Y es que luego que se corrió el velo de esa noche descubrí alarmado que al igual que millones de mexicanos llevaba muchos meses dejando conducir mi estado de ánimo y hasta mi campo imaginario por las declaraciones de los políticos y por lo que los principales locutores de noticias de los medios electrónicos nacionales decidían que debíamos pensar, escuchar y saber. Pero además, mientras esos tipos construían por medio de la pantalla o las bocinas de la radio una falsa realidad, como en su momento publiqué y argumenté en este mismo medio, desde las tripas del proceso electoral yo presenciaba cómo el consejo general del IFE y buena parte de su burocracia cínicamente cargaba los dados para favorecer a quien luego el TRIFE confirmaría como presidente de la república.(Con la coartada de la preservación de las instituciones o de sus intereses personales la gran mayoría de los consejeros locales y distritales del país hasta hoy en día han guardado silencio y de plano ya evadieron cualquier asomo de autocrítica, sin embargo, los hechos posteriores han ido confirmando las trampas del discurso de las elecciones "impecables y ciudadanizadas", y que particularmente los integrantes del Consejo General no estuvieron a la altura del mandato que la sociedad les dio, por lo que más allá de sus estudios de opinión "a modo", es de esperar que sean removidos antes de las elecciones intermedias del 2009).
Frente a esa impune y deliberada intención de los televisos y tvaztecos (por mencionar a los más gangsters entre los gangsters) de envenenar el alma del país, de engañarnos, de dictarnos las emociones y convicciones diarias, concluí que era el momento de radicalizar el ejercicio de la voluntad personal, a fin de cuentas siempre he sabido que aún el poder más injusto y desmesurado siempre podrá ser derrotado por el ejercicio de la libertad individual. Fue así que me otorgué el derecho de apagarles la tele a los Dorigas, a los Alatorres, y felizmente llevo más de medio año sin escuchar esas voces, tampoco los dislates del señor Fox, de su señora, las bravuconerías del tal Espino, o las incongruencias de las tribus perredistas. La verdad a esta fecha confieso ignorar si la señora Gordillo ya se hizo otra cirugía, si Marcos volvió a hacerle gordo el engrudo a Loret de Mola, o qué esgrima verbal están ensayando en los medios electrónicos los hábiles y siniestros priistas. Pero nada de eso me ha hecho falta para seguir vivo y al tanto de los ruidos y pasos más profundos que alcanzo a entrever en el país.
Afortunadamente, y es también una bondad del tiempo, procesar durante muchos años información permite aprender a leer entre líneas la prensa escrita y ubicar unas cuantas voces que a uno le importan por honestas, documentadas y creíbles. Teniendo bien ubicada esa ruta personal de conocimiento de la realidad, estoy convencido que se puede prescindir de buena parte del show nacional y de tantos locutores y supuestos analistas arrogantes y faltos de compromiso profundo con la historia que colman los medios electrónicos y también muchos de los medios impresos.
Quizás otros dirán lo contrario con todo derecho, por mi parte, confieso mi gozo por haber decidido hace meses apagarle el televisor, la radio y cerrarle la página a esos tipos de alma sucia para mejor perseguir por la habitación las mariposas que escapan de las solapas de un libro, dejar que corra por enésima ocasión una película de Chaplin, o nomás asomarme a la ventana para decirle a la noche que cueste lo que cueste uno ya decidió no comprar el formato de los días ni las emociones enlatadas que se ofrecen en todas las tiendas del país; y también para recordarle, que cuando una persona decide ejercer su voluntad, nada ni nadie puede impedir que su mirada, su corazón y su pensamiento hagan de la libertad un río en busca de mar.

Se fue pa'l mar y ahora posa.
*
DEL CUADERNO DEL CRONISTA
La libertad es un río en busca de mar.
Eliazar Velázquez
I
La libertad es un tema de filosóficos y ancestrales desvelos que auguro llegará al fin de los tiempos sin certezas absolutas, sin embargo, esta disquisición que aquí me propongo no aspira a tales lances etéreos, es más ordinaria, más acicateada por
las urgencias de vivir que por sofisticadas premisas socráticas.
II
Hace mucho tengo conciencia de los niveles de manipulación y engaño a los que estamos sometidos los ciudadanos de este país, aunque eso tampoco es nuevo o exclusivo de este tramo de los siglos, pues en todas las épocas el poder en turno entroniza a sus héroes y a sus villanos. Lo singular de estos tiempos -entre otras cosas-, es la vertical dictadura que ejercen sobre nuestras voluntades y conciencias los medios masivos de comunicación, y con particular impunidad las televisoras, que según convenga a sus intereses de acumulación se alían con alguna de las mafias del poder.
Si la inocencia fuera eterna el alma se ahorraría muchos sobresaltos, pero la suma de experiencias, información y andanzas va sedimentando certezas fundadas y en mi caso una de las más crudas es saber que en México, de día y de noche (y de modo intencionado y dirigido) la gran mayoría de los medios de comunicación se proponen embrutecer a las personas de todas las edades, pero igual de lacerante es concluir que la gente del poder político no se tienta el corazón para mentir y para acomodar las leyes en una lógica de preservación de los privilegios de sus respectivas camarillas.
Lo sé hace tiempo, pero de un modo u otro me había pertrechado de tolerancia y años atrás hasta dispuse algunas horas preciadas para hacer crónicas de políticos en campaña y en afán voyeurista me asomaba a los actos públicos sólo para confirmar como los del presidium casi siempre están buscando los chamorros de las edecanes o tienen el pensamiento en cualquier otro planeta grillesco menos en el asunto que en ese evento los ocupa. (En serio me pregunto y hasta con curiosidad, si un día recuperaré la paciencia o volveré a encontrar razones para hacer relatos periodísticos de esas ridículas pasarelas políticas).
Cuando les apagué la tele
a los locutores de noticias?
Después del pasado 2 de julio me desperté realmente preocupado por mi salud mental. Y es que luego que se corrió el velo de esa noche descubrí alarmado que al igual que millones de mexicanos llevaba muchos meses dejando conducir mi estado de ánimo y hasta mi campo imaginario por las declaraciones de los políticos y por lo que los principales locutores de noticias de los medios electrónicos nacionales decidían que debíamos pensar, escuchar y saber. Pero además, mientras esos tipos construían por medio de la pantalla o las bocinas de la radio una falsa realidad, como en su momento publiqué y argumenté en este mismo medio, desde las tripas del proceso electoral yo presenciaba cómo el consejo general del IFE y buena parte de su burocracia cínicamente cargaba los dados para favorecer a quien luego el TRIFE confirmaría como presidente de la república.(Con la coartada de la preservación de las instituciones o de sus intereses personales la gran mayoría de los consejeros locales y distritales del país hasta hoy en día han guardado silencio y de plano ya evadieron cualquier asomo de autocrítica, sin embargo, los hechos posteriores han ido confirmando las trampas del discurso de las elecciones "impecables y ciudadanizadas", y que particularmente los integrantes del Consejo General no estuvieron a la altura del mandato que la sociedad les dio, por lo que más allá de sus estudios de opinión "a modo", es de esperar que sean removidos antes de las elecciones intermedias del 2009).
Frente a esa impune y deliberada intención de los televisos y tvaztecos (por mencionar a los más gangsters entre los gangsters) de envenenar el alma del país, de engañarnos, de dictarnos las emociones y convicciones diarias, concluí que era el momento de radicalizar el ejercicio de la voluntad personal, a fin de cuentas siempre he sabido que aún el poder más injusto y desmesurado siempre podrá ser derrotado por el ejercicio de la libertad individual. Fue así que me otorgué el derecho de apagarles la tele a los Dorigas, a los Alatorres, y felizmente llevo más de medio año sin escuchar esas voces, tampoco los dislates del señor Fox, de su señora, las bravuconerías del tal Espino, o las incongruencias de las tribus perredistas. La verdad a esta fecha confieso ignorar si la señora Gordillo ya se hizo otra cirugía, si Marcos volvió a hacerle gordo el engrudo a Loret de Mola, o qué esgrima verbal están ensayando en los medios electrónicos los hábiles y siniestros priistas. Pero nada de eso me ha hecho falta para seguir vivo y al tanto de los ruidos y pasos más profundos que alcanzo a entrever en el país.
Afortunadamente, y es también una bondad del tiempo, procesar durante muchos años información permite aprender a leer entre líneas la prensa escrita y ubicar unas cuantas voces que a uno le importan por honestas, documentadas y creíbles. Teniendo bien ubicada esa ruta personal de conocimiento de la realidad, estoy convencido que se puede prescindir de buena parte del show nacional y de tantos locutores y supuestos analistas arrogantes y faltos de compromiso profundo con la historia que colman los medios electrónicos y también muchos de los medios impresos.
Quizás otros dirán lo contrario con todo derecho, por mi parte, confieso mi gozo por haber decidido hace meses apagarle el televisor, la radio y cerrarle la página a esos tipos de alma sucia para mejor perseguir por la habitación las mariposas que escapan de las solapas de un libro, dejar que corra por enésima ocasión una película de Chaplin, o nomás asomarme a la ventana para decirle a la noche que cueste lo que cueste uno ya decidió no comprar el formato de los días ni las emociones enlatadas que se ofrecen en todas las tiendas del país; y también para recordarle, que cuando una persona decide ejercer su voluntad, nada ni nadie puede impedir que su mirada, su corazón y su pensamiento hagan de la libertad un río en busca de mar.
29.1.07
24.1.07
23.1.07
TIJUANA A(R)MADA
Rearman a los polis: Resorteras y canicas. Eso sí, puro Ojo de Gato.
*
PERO NADA IMPOSIBLE PARA:

Que pequeñito y cíclope no necesita canicas: Ha dejado de ser un penhéroe en pena.
Rearman a los polis: Resorteras y canicas. Eso sí, puro Ojo de Gato.
*
PERO NADA IMPOSIBLE PARA:

Que pequeñito y cíclope no necesita canicas: Ha dejado de ser un penhéroe en pena.
22.1.07
BALBUCEO A TODO LO QUE DA

De los creadores de La Petit y de León Fist,
directamente desde Pedrones, Cuévano:
BALBUCEO
Proyecto independiente de alto plumaje.
Pásenle... pruébenle.

De los creadores de La Petit y de León Fist,
directamente desde Pedrones, Cuévano:
BALBUCEO
Proyecto independiente de alto plumaje.
Pásenle... pruébenle.
19.1.07
AJÚAAA, HOY, ALLÁ EN ESTE MOMENTO!!!
18 fotógrafos - 18 películas.
Inauguración de la exposición:
Viernes 19 de enero 2007 a las 20.30 h.,
en espacio COBERTURAPHOTO.
18 photographers - 18 movies.
Opening exhibition: 2007 January 19th. 20.30 h.,
at espacio COBERTURAPHOTO.

Antonio Pérez
2001 Una odisea del espacio, 1968. Stanley Kubrick
Luis Castilla
Belle de Jour, 1966. Luis Buñuel
Alberto Rojas Maza
La Dolce Vita, 1960
Valentín Luján
Cinema Paradiso, 1989. Guiseppe Tornatore
Rubén García Gómez
Desmontando a Harry, 1997. Woody Allen
Celia Ternero Candau
El Cartero, 1994. Michael Radford
Agustín Hurtado
Exils, 2004. Tony Gatlif
Rodrigo Gómez
La Batalla de Midway, 1942. John Ford
Antonio Iglesias
La bella y la bestia, 1946. Jean Cocteau
Claude Alexandre
La caída de los dioses, 1969. Luchino Visconti
Jorge Yeregui
La mirada de Ulyses, 1995. Theo Angelopoulos
Tato Olivas
La noche del cazador, 1955. Charles Laughton
Javier Medina
La viuda Alegre, 1934. Ernst Lubitsch
Damián González
Abierto hasta el amanecer, 1996. Robert Rodríguez
Fito Carreto
Los jueves, Milagro, 1957. Luis García Berlanga
Carmen Caballero Prado
Santa Sangre, 1989. Alejandro Jodorowsky
Miguel Romero
Subtítulos, 2007. Miguel Romero
Nicolás Haro
Vacas, 1992. Julio Medem
*
Cobertura Photo
C/ Narciso Campillo, 4
41001 Sevilla España
+ 34 954 502 846
NO SE LO PIERDAN!
18 fotógrafos - 18 películas.
Inauguración de la exposición:
Viernes 19 de enero 2007 a las 20.30 h.,
en espacio COBERTURAPHOTO.
18 photographers - 18 movies.
Opening exhibition: 2007 January 19th. 20.30 h.,
at espacio COBERTURAPHOTO.

Antonio Pérez
2001 Una odisea del espacio, 1968. Stanley Kubrick
Luis Castilla
Belle de Jour, 1966. Luis Buñuel
Alberto Rojas Maza
La Dolce Vita, 1960
Valentín Luján
Cinema Paradiso, 1989. Guiseppe Tornatore
Rubén García Gómez
Desmontando a Harry, 1997. Woody Allen
Celia Ternero Candau
El Cartero, 1994. Michael Radford
Agustín Hurtado
Exils, 2004. Tony Gatlif
Rodrigo Gómez
La Batalla de Midway, 1942. John Ford
Antonio Iglesias
La bella y la bestia, 1946. Jean Cocteau
Claude Alexandre
La caída de los dioses, 1969. Luchino Visconti
Jorge Yeregui
La mirada de Ulyses, 1995. Theo Angelopoulos
Tato Olivas
La noche del cazador, 1955. Charles Laughton
Javier Medina
La viuda Alegre, 1934. Ernst Lubitsch
Damián González
Abierto hasta el amanecer, 1996. Robert Rodríguez
Fito Carreto
Los jueves, Milagro, 1957. Luis García Berlanga
Carmen Caballero Prado
Santa Sangre, 1989. Alejandro Jodorowsky
Miguel Romero
Subtítulos, 2007. Miguel Romero
Nicolás Haro
Vacas, 1992. Julio Medem
*
Cobertura Photo
C/ Narciso Campillo, 4
41001 Sevilla España
+ 34 954 502 846
NO SE LO PIERDAN!
18.1.07
DEL BLOG DE EVE GIL
Tres veces fronterizas o la futura necesidad de una enciclopedia de Bárbaras del Norte
Ponencia ofrecida en Tijuana en noviembre de 2006
...esta manera chocante de pronunciar la s, la ch y la j no significa ninguna extranjería...
Inés Arredondo
"La verdad o el presentimiento de la verdad"
autobiografía[1]
Ser mujer, ha dicho la feminista marroquí Fatema Mernissi en El harem de Occidente, es de por sí una condición fronteriza. De frontera respecto al varón: "(...) El amor entre un hombre y una mujer es, por fuerza, una mezcla peligrosa de culturas extrañas entre sí, aunque solo sea porque la diferencia sexual es en sí una frontera cósmica, un límite existencial (...)" En "sentido cósmico", siguiendo la interesante idea de Mernissi, las mexicanas de la frontera norte somos doblemente fronterizas? triplemente, si encima somos escritoras. Como ya he apuntado, la nuestra no es meramente una frontera geográfica, una línea divisoria entre nuestro país y el vecino: se trata sobre todo de la frontera virtual entre el tercer mundo y el Imperio, lo que necesariamente crea en los habitantes de uno y otro lado una especie de fricción esquizofrénica entre realidad y ficción: tan abismales diferencias terminan por hacer del vecino un "personaje", idealizado, odiado o temido.
Ante la supremacía masculina en los listados de "eso" que los críticos insisten en separar del resto de la producción literaria mexicana bajo la clasificación de "literatura de la frontera norte", no obstante que, como veremos a continuación es inabarcable el número de escritoras profesionales en estos lares, resultará curioso el dato de que esta, llamémosle, "corriente", haya sido iniciada una mujer: Josephina Niggli (1910-1983), madre invisible de todos nosotros, nunca citada, por cierto, en los sesudos estudios críticos consagrados a denostar y/o alabar a la literatura fronteriza. Su novela, Apártate, hermano[2] ha sido recientemente traducida del inglés por David Toscana. Entiéndase, Niggli no era una escritora chicana sino una escritora mexicana, nacida en Monterrey, Nuevo León, hija de padres norteamericanos, criada en el epicentro de la pugna de identidades, que eligió el inglés para comunicarse pero escribió casi exclusivamente sobre México, ambientando sus obras en Monterrey. Básicamente dramaturga, sus obras exploran a profundidad la identidad esquizofrénica del mexicano de la frontera, básicamente a través del mestizaje. Es autora de dos magníficas novelas que abordan la misma problemática: la antes citada y Mexican Village.
Es desde esta perspectiva, la de las clasificaciones arbitrarias que devienen estereotipos, que las escritoras de la frontera norte somos tres veces fronterizas, pues tanto nuestra visión del mundo como nuestros intereses temáticos y/o estéticos difieren notablemente de lo que, se cree, atañe en exclusiva a los escritores de la frontera norte. Y aún las autoras que sí escriben desde su perspectiva fronteriza resultan excéntricas en relación con sus, llamémosles, equivalentes masculinos. Aunque considero necesario hacer hincapié en que, contrario a lo que se ha manejado, entre los autores fronterizos varones también son excepcionales quienes centran su obra en la problemática regional, lo cual no repercute en la calidad de la literatura de quienes sí lo hacen. Entre estos últimos podríamos citar a Élmer Mendoza, Heriberto Yépez, Luis Humberto Crostwaite, Eduardo Antonio Parra, Juan José Rodríguez, Gabriel Trujillo, Leonidas Alfaro y César López Cuadras.[3]
Aunque la mayoría de las autoras de la frontera nos encontramos en los versos de la poeta Dana Gelinas donde las partículas de azufre se cuelan al interior de los libros[4], cada una ha asimilado en forma disímil la experiencia. Respecto a las escritoras de la frontera norte que han abordado concretamente a su región, citaríamos a Rosina Conde, Rosario San Miguel, Regina Swain y Estela Alicia López Lomas. El de Rosina es el caso emblemático de este análisis, no solo porque se trata de la única autora de la frontera que ha profundizado en la problemática fronteriza desde una perspectiva femenina, sino por su todavía no reconocida calidad de precursora. Fue, para empezar, el primer autor que desarrolló literariamente el tema del narcotráfico aunque, oh ironía, de la referida novela, Como cachora al sol, sólo se han publicado fragmentos en revistas literarias. A los mismos editores que han hecho su agosto subrayando el ingrediente del narco en las novelas de los autores más representativos de la frontera, dicho tema debe haberles resultado chocante abordado por una mujer que, naturalmente, no presenta la visión idealizada del asunto, sino la que dolorosamente repercute en nuestra cotidianidad. Como apunta Socorro Tabuenca en su ensayo Una perspectiva de género, tanto Rosina como Rosario Sanmiguel vieron circular sus primeros textos en cuadernillos y suplementos culturales de periódicos de la ciudad de México cinco o seis años antes del llamado boom de la literatura de la frontera norte, aunque nadie les reconozca su calidad de precursoras. En sus posteriores relatos, principalmente en la novela La Genara, Rosina continúa abordando la problemática fronteriza, concretamente la que atañe a las mujeres que, no es secreto, son las más afectadas por esta condición borderline pues no requieren transgredir la frontera para padecer toda suerte de humillaciones: las costureras, las obreras, las estudiantes de la secundaria federal, las lesbianas en el caso concreto de La Genara, las jóvenes profesionistas que continúan debatiéndose entre el "debe ser", tan imponente aún por esos lares (baste escuchar la forma en que los asesinos todavía encubiertos de Ciudad Juárez son justificados en aras de la dudosa moralidad de sus víctimas), y el legítimo anhelo de independencia. Aunque sin profundizar tanto como Rosina en el aspecto social, la chihuahuense Rosario San Miguel captura en Callejón Sucre y otros relatos (Eón, 2005) la esencia de su lugar de origen a través de una especie de violencia poética que pone en relieve la sutil pero latente discriminación hacia las mujeres, en todos los ámbitos. La denuncia social, pues, se entrevera en el discurso intimista de la mayoría de sus relatos. Swain, originaria de Monterrey, Nuevo León pero radicada en Ensenada, Baja California, es la narradora emblemática de lo que Canclini denominó ?laboratorio de posmodernidad?. Ningún otro narrador de aquella región ha retratado esta frontera un paso más allá de la realidad, sometida a un perpetuo forcejeo cultural que la coloca entre la espada de una posmodernidad casi apocalíptica y la pared de un letargo extático, de un tiempo detenido o desvanecido. El desparpajo con que Regina incursiona en un género literario tan santificado como el ensayo y la conmovedora franqueza con que se expresa en los mismos, vinculable a la de los relatos que conforman el libro La señorita Supermán y otras danzas (CONACULTA, Instituto de Cultura de Baja California, Fondo Editorial de Baja California, 2001), premio Gilberto Owen 1992, ejemplifican esta actitud experimental y rompedora de quienes lidian día a día con la identidad dividida: "(...) Escribir es, a mi juicio, otra forma de hablar, hablar en tinta y papel, y yo hablo así desde niña (...) Finalmente, si escribir es otra forma de hablar, la literatura debe ser la forma más larga de las conversaciones." (Ensayos de juguete, CONACULTA, Instituto de Cultura de Baja California, Fondo Editorial de Baja California, 1999, p.p 19-22). Regina se ha retirado definitivamente del quehacer literario, por lo menos eso asegura ella. Cabe la esperanza de que cambie de opinión algún día.
Estela Alicia López Lomas, "Esalí", recrea una frontera simbólica, más aún, simbiótica respecto a su voz narrativa que es la voz de la tierra y, por ende, polifónica. Resalta, sin embargo, los aspectos míticos que arraigan a esta región con México no obstante la tentadora proximidad del american dream, con especial énfasis en su novela Terramara (Editorial Vandalay, Culiacán, Sinaloa, 2004). El hecho de haber nacido en Jalisco, aunque radicada en Tijuana desde niña, crea esa maravillosa ambivalencia que nos vuelve conscientes de hasta qué punto los habitantes de la frontera norte defienden su alma contra el diablo: "La identidad individual. La identidad de lo múltiple. La multiplicidad de lo uno. Todos los mexicanos, ¿un mexicano? ¿Cuál? ¿De cuándo? ¿De dónde?".[5] En el sentido de recrear una mitología regional afín a los símbolos de mexicanidad, emparentaría a López Lomas con la sonorense María Antonieta Mendivil (Hermosillo, 1972), quien a través de su primera novela, Otros tiempos (Equilibrio editores, Palabra de Mujer, Sonora, 1999), nos brinda una visión completamente personal del desierto de Sonora, volviéndolo epicentro de una trama apocalíptica donde el lenguaje está en vías de ser proscrito y ha generado un tabú. El lenguaje como arma; la expresión lingüística como amenaza tangible para un régimen que se ha apropiado de ese inmenso mundo desértico del que la poesía no podrá ser desterrada por completo pues no existe otra manera de explicar el desierto mismo: "La palabra así viaja como una espada con vestido de manjar, y se le abren fácilmente las puertas del apetito; dentro, desenvaina, y abre con su filo el telón de la conciencia. Una vez abierta, ésta ya no puede ser la misma." (p. 21) María Antonieta recién ha publicado una novela en la editorial Almuzarah de Sevilla, España: Duelo de noche.
Autora de dos libros de cuentos, Gente menuda y No son gente como uno (ISC, 2003) la sonorense Sylvia Aguilar Zéleny (Hermosillo, 1972), si bien no aborda la problemática regional en su narrativa, no en sentido estricto, narra desde una perspectiva fronteriza, casi siempre femenina, y no escatima el empleo de términos coloquiales y regionales. Su literatura de talante anecdótico y nostálgico, se ha centrado en el ámbito infantil y juvenil y muestra el proceso de maduración de niños criados en el rigor del forcejeo cultural, debatiéndose entre el "acá" y el "allá", lo que necesariamente incendia su imaginación tanto como sus ambiciones. Se advierte también una crítica con respecto a los vecinos, particularmente en el segundo título, crítica elaborada asimismo desde el discurso coloquial y la engañosa inocencia de sus narradores y narradoras.
Zonia Sotomayor Petterson (Hermosillo, 1954) es, en cuanto a temperamento literario, la más sonorense de las escritoras sonorenses. Su primera novela publicada, Los de Moisés (Plaza & Valdés, 2005), hilvana una zaga que me remite instantáneamente a Sonora, donde las familias son muy cuidadosas respecto a conservar las anécdotas de los antepasados a través de la oralidad pero también de testimonios físicos e icónicos, aspecto también observable en la narrativa de Aguilar Zéleny. Los De Moisés es una familia esencialmente trágica, signada por una especie de maldición que está en el aire, que no se explica ni tiene origen específico. Simplemente está ahí y desune físicamente a la familia aunque manteniéndola unida a través de la oralidad. Y si bien alude al destino y a la magia, el tono es arrebatado y pasional y la trama rebosa carnalidad hasta alcanzar la cima de la escatología a través de la innombrada enfermedad que ataca a Héctor María, uno de los protagonistas, y lo carcome hasta dejarlo convertido en un guiñapo sanguinolento. Zonia es autora de otra novela, legendaria no obstante permanecer inédita, Toda la oscuridad del universo, objeto incluso del análisis de Socorro Tabuenca, especialista en literatura de la frontera norte escrita por mujeres quien hace hincapié en la ausencia de la temática lésbica en la literatura de la frontera norte, salvo la novela citada y los relatos "Sonatina" de Rosina Conde y "La otra habitación" de Rosario Sanmiguel.[6]
La narrativa de las autoras fronterizas que analizaremos a continuación no se define por una ubicación geo-política en particular, es decir, no encajan ni estética ni formalmente en un modelo de literatura de la frontera norte, en sentido estricto, no obstante la afinidad ideológica, vivencial y experimental que existe entre estas y las autoras del grupo anterior. En primer lugar citaría a la tamaulipeca Cristina Rivera Garza (Tampico, 1964), la más representativa de la nueva literatura de la frontera norte, único nombre femenino que nunca falta en alguno de esos recuentos arbitrarios. Ganadora en 1999 del premio nacional de novela José Rubén Romero con Nadie me verá llorar, la más representativa de sus novelas y, para algunos, la mejor hasta ahora, Cristina pertenece a ese grupo de escritores "raros", entre los que destacaría también a Sergio Pitol, Carlos Monsiváis o David Toscana, creados no por la mercadotecnia ni por las mafias culturales, sino por los propios lectores, fenómeno que afortunadamente continúa observándose en el panorama nacional no obstante la tan cacareada escasez de lectores. Las novelas y relatos de Cristina transcurren en ámbitos cerrados y atmósferas enrarecidas y, salvo el caso de Nadie me verá llorar, novela de trasfondo histórico desarrollada en el México postrevolucionario de principios del siglo XX, en la ciudad de México para ser exactos, no se alude a una ubicación geográfica en particular. En La cresta de Ilión, por ejemplo, la trama se desarrolla como un sueño: la llegada de una misteriosa mujer a un lugar que pareciera ser hospital pero en realidad es un refugio para moribundos, y que, averiguaremos más tarde, se trata de un homenaje a la no suficientemente valorada escritora mexicana Amparo Dávila, cuya lectura retomamos a través de esta sutil invitación que nos hace Cristina. En Lo anterior se menciona el desierto, y es acaso la única de las tres novelas que pudiera remontarnos a la frontera norte, no tanto por el escenario desértico sino por las referencias a la personalidad de los personajes de esta extraordinaria aunque muy incomprendida novela, no de amor sino sobre el amor.
Nacida en Tamaulipas en 1962 pero radicada desde la infancia en Monterrey, Patricia Laurent Kullick es acaso quien enarbola el discurso más trasgresor de este grupo. En el caso de Patricia no es tanto que la ubicación geográfica sea o no identificable, lo es en varios de sus relatos. Sencillamente no se trata de un dato trascendental para la comprensión de la trama: la narración absorbe completamente los sentidos del lector, como sería el caso de la novela El camino de Santiago (Era, 2004) donde se lleva a cabo una suerte de diálogo esquizofrénico sostenido entre Mina y Santiago, los personajes que habitan a la protagonista que no encuentra su lugar en el mundo y pretende encontrarse a través de los objetos y de los hombres.
Cristina Rascón (Cajeme, 1977) es una joven escritora sonorense cuya principal obsesión es la cultura nipona y esto se refleja no solo en la temática de sus relatos sino sobre todo en la intención revolucionaria y trascendente de los mismos. Su primer libro de relatos, El agua está fría (ISC, 2006), atrapa en forma asombrosa la esencia de la espiritualidad de oriente y la fusiona con la aspereza del desierto sonorense, combinación que parece arriesgada, casi imposible, y sin embargo resulta en una especie de género alternativo que bien podría ser aquel libro de almohada al que hacía mención Sei Shonagon, autora japonesa del siglo X que protagoniza el asombroso relato que abre el citado libro, donde Shonagon no solamente se enfrenta a su legendaria rival, Murasaki Shikibu, autora de la considera la primera novela formal de la historia, Historia de Genji, así como a las demás calígrafas que se disputan el favor de la emperatriz, sino también a una esclava que posee un peculiar talento en caligrafía y composición casi equiparable con el suyo. Los relatos de Cristina pudieran considerarse, asimismo, un extenso haikú de frases cortas, contundentes, poéticas.
Liliana Blum, nacida en Durango en 1974 y radicada desde bebé en Tampico, Tamaulipas, pareciera más tradicional pues sus relatos poseen un enfoque eminentemente feminista, sin embargo es justo por esto que resulta transgresora: retomar el feminismo, insertarlo en esta época aparentemente post-feminista y hacernos ver que hoy, más que nunca, necesitamos afianzarnos a la lucha emanicpatoria pues vivimos algo peor que el pre feminismo, es decir, la ilusión de estar liberadas. El relato La maldición de Eva (tragedia en siete actos), incluido en el libro del mismo nombre (Voces de Barlovento, Tampico, 2002), retrata hasta qué punto la maternidad puede representar la peor pesadilla de una mujer y, al mismo tiempo, su salvación, su inspiración para romper cadenas. Lo que transforma en pesadilla esta experiencia son las condiciones externas, es decir, las taras y prejuicios en torno a la maternidad, bendita y maldita a un tiempo. Aquí es donde surge otra clase de diálogo esquizofrénico de la madre con una sociedad indefinida e incongruente. Liliana es acaso la única escritora de su generación que ha retomado los intereses literarios de Rosario Castellanos desde una posición inquietantemente contemporánea. En ese sentido la siento muy afín con la poeta tijuanense Amaranta Caballero, aunque Amaranta, pese a su juventud, retoma la problemática del ser mujer con firmeza equiparable a la de autoras de los años sesenta o setenta, más con pasión que con rabia: "Cuando se habla de las mujeres/ generalmente se olvidan/ sus significados principales./ Cuando hablan las Mujeres/ el olvido enmudece." (Tres tristes tigras, "Entre las líneas de las manos", CONACULTA, CECUT, 2004).
Considero pertinente incluir a una joven sinaloense que no ha publicado formalmente sus relatos, es decir, no a manera de libro, pero sí en múltiples revistas literarias, y la pertinencia de citarla se debe a dos razones, la principal, su calidad literaria, la segunda por sentido del equilibrio ya que se trata de la única narradora sinaloense que se ajusta al perfil aquí analizado: Elena Méndez (Culiacán, 1981), narradora muy lúdica que gusta de jugar con el lenguaje y la intertextualidad. La ironía dolorosa de sus relatos breves, así como la glamurarización de personajes delictivos femeninos, las "narcas", representa el aspecto más distintivo de su prosa. Y si bien resulta evidente su influencia con otros autores sinaloenses como Juan José Rodríguez y Élmer Mendoza (este incluso aparece como personaje de su delirante relato "Una clase de literatura"), Elena ha sabido digerir muy bien tales influencias y aportar un producto sumamente original e interesante. Sus textos, además, denotan tanta reverencia hacia la literatura como necesidad de no tomársela en serio: "Obsesión, obsesionada con el sexo, alega que Emma debería haber puesto a Charles a leer el Kama Sutra pero, en vez de eso, cayó en la tentación de que tanto su clítoris como su punto G fuesen descubiertos y estimulados por sus amantes (uno por uno, se entiende)."
Como juez y parte de esta corriente literaria, me permito intercalar un comentario respecto a mi propia obra y mi muy personal sentir respecto a la influencia de la frontera norte en ella: ya en un texto previo escribí sobre cómo y en qué condiciones se desarrolló en mí la vocación literaria; nacida en Hermosillo, Sonora, de madre sinaloense, para mayores señas, oriunda de Navolato, mi Macondo norteño, y de padre zacatecano educado en Zurich; les hablaba también de la chiquilla que bebía coca con mucho hielo ante un ventilador, en la habitación de una casa enclavada en pleno desierto y con Charlotte Brontë, Jane Austen y Virginia Wolf como autoras gurús. La combinación de esto con la circunstancia de que por el trabajo de mi padre tuve que cursar mis estudios primarios y secundarios en la ciudad de México, volando a mi natal Hermosillo a la menor oportunidad, pudiera explicar que mi narrativa es fronteriza solo en temperamento, así como que mis personajes suelen ser locos o cuerdos en territorio de locos, o extranjeros atrapados irremediablemente en culturas hostiles, o colonizadores de paraísos artificiales. Fui, pues, una niña cuya educación fluctuaba entre la rigidez de un colegio supuestamente inglés donde rendíamos honores a dos banderas y las vacaciones con una abuela que desplumaba gallinas, y las truculentas historias susurradas entre mis tías sobre mi prima Julie, casada con un narco. ¿Qué mayor esquizofrenia que esa? Naturalmente me identifico con las autoras del segundo grupo. Entiendo lo que quiere decir Inés Arredondo al hablar de lo profundamente que la impactó su pueblo natal, Eldorado, en la construcción de su corpus narrativo. A mí Hermosillo también me influyó en el sentido de que mis novelas son como una pequeña y aséptica ciudad llena de calor y gozo donde te topas con tu mejor amigo de la infancia y te desvías sin pensarlo dos veces e tu camino original, porque la ocasión lo amerita y nada te apura. Mi literatura es tan fluctuante como mi acento exótico. Estoy completamente de acuerdo con Luisa Valenzuela cuando dice, borgeanamente: "Escribir ficción es una búsqueda de tácitos secretos que nos irán acercando al calor del invalorable e inalcanzable Secreto."[7]
Este ensayo aborda exclusivamente a las narradoras porque sería demasiado extenso abarcar todos los géneros, sin embargo me permitiré algunas menciones que considero importantes, y aún así estoy segura de que me quedaré corta: las notabilísimas dramaturgas Bárbara Colio (1969) y Glafira Rocha, bajacaliforniana y sinaloense respectivamente, y las espléndidas poetas Enriqueta Ochoa de Coahuila, así como Carmen Alardín y Minerva Margarita Villarreal de Nuevo León; Laura Delia Quintero de Sonora, Elizabeth Cazessus de Baja California y Dana Gelinas, de Coahuila, , y la muy joven, también regia, Ofelia Pérez Sepúlveda. Me permito mencionar asimismo y por homenaje a la imponente chihuahuense Aurora Reyes, que hace años no está entre nosotros.
NOTA AL MARGEN: DISCULPA DE ÚLTIMA HORA
Cuando emprendí la labor de reunir en apenas unas cuantas cuartillas a las que consideré las escritoras más representativas de la frontera norte, no se me ocurrió que dejaría fuera a algunas que merecen figurar y es que el número de magníficas escritoras de la frontera norte, quizá debido a que la mayoría han publicado en editoriales locales, es, créanme, inabarcable. Es por ello que solicito disculpas por la ausencia de dos excelentes ejemplares que descubrí demasiado tarde, cuando ya esta conferencia estaba por leerse públicamente: María de Alva, originaria de Monterrey y finalista del certamen internacional de novela Fernando de Lara, y Estela Davis, bacaliforniana, nacida en La Paz, sobre cuya pródiga obra me alertó la doctora Martha Piña, con quien compartí tribuna en aquella ocasión. Me hubiera encantado analizar también a otra interesantísima autora que publicó su primer libro de cuentos después de rendida mi conferencia: Mayra Luna.
Considero menester, asimismo, mencionar Ocho ensayos sobre narrativa femenina de Nuevo León, de la autoría de Hugo Valdés (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2006), de los más representativos narradores de la frontera norte, analiza en forma muy inteligente la literatura de sus muy poco atendidas colegas mujeres entre las que se cuentan Josephina Niggli y Patricia Laurent Kullick. Agrega, sin embargo, a otras autoras no citadas por mí pero cuya obra parece sumamente valiosa e interesante: Adriana García Roel, Irma Sabina Sepúlveda, Rosaura Barahona, Cris Villarreal Santos, Dulce María González y Gabriela Riveros, publicadas a nivel local? aunque ya sabemos que lo publicado en las grandes editoriales no necesariamente es lo mejor.
Como verán, el tema daba para un libro más que para una conferencia? y al cabo de unos años hará falta una enciclopedia de escritoras de la frontera norte.
[1] Inés Arredondo, Obras completas, Siglo veintiuno Editores, 4a edición, 2002
[2] Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, serie Árido Reino, 2003
V Y aún estos autores abandonan ocasionalmente su entorno para explorar otras posibilidades, caso concreto de Mendoza, Rodríguez y Trujillo, autor este último de un volumen completo de cuentos de ciencia ficción.
[4] Altos hornos, editorial Praxis, 2006.
[5] Terramara, p. 13
[6] Mecerse entre fronteras. La literatura de mujeres fronterizas, mexicanas y chicanas?, Revista Quimera, No. 258, junio 205, Barcelona, España.
[7] Escritura y secreto, Cuadernos de la Cátedra Alfonso reyes del Tecnológico de Monterrey, Tec de Monterrey, Ariel, México, 2002, p.p 18 y 19)
Tres veces fronterizas o la futura necesidad de una enciclopedia de Bárbaras del Norte
Ponencia ofrecida en Tijuana en noviembre de 2006
...esta manera chocante de pronunciar la s, la ch y la j no significa ninguna extranjería...
Inés Arredondo
"La verdad o el presentimiento de la verdad"
autobiografía[1]
Ser mujer, ha dicho la feminista marroquí Fatema Mernissi en El harem de Occidente, es de por sí una condición fronteriza. De frontera respecto al varón: "(...) El amor entre un hombre y una mujer es, por fuerza, una mezcla peligrosa de culturas extrañas entre sí, aunque solo sea porque la diferencia sexual es en sí una frontera cósmica, un límite existencial (...)" En "sentido cósmico", siguiendo la interesante idea de Mernissi, las mexicanas de la frontera norte somos doblemente fronterizas? triplemente, si encima somos escritoras. Como ya he apuntado, la nuestra no es meramente una frontera geográfica, una línea divisoria entre nuestro país y el vecino: se trata sobre todo de la frontera virtual entre el tercer mundo y el Imperio, lo que necesariamente crea en los habitantes de uno y otro lado una especie de fricción esquizofrénica entre realidad y ficción: tan abismales diferencias terminan por hacer del vecino un "personaje", idealizado, odiado o temido.
Ante la supremacía masculina en los listados de "eso" que los críticos insisten en separar del resto de la producción literaria mexicana bajo la clasificación de "literatura de la frontera norte", no obstante que, como veremos a continuación es inabarcable el número de escritoras profesionales en estos lares, resultará curioso el dato de que esta, llamémosle, "corriente", haya sido iniciada una mujer: Josephina Niggli (1910-1983), madre invisible de todos nosotros, nunca citada, por cierto, en los sesudos estudios críticos consagrados a denostar y/o alabar a la literatura fronteriza. Su novela, Apártate, hermano[2] ha sido recientemente traducida del inglés por David Toscana. Entiéndase, Niggli no era una escritora chicana sino una escritora mexicana, nacida en Monterrey, Nuevo León, hija de padres norteamericanos, criada en el epicentro de la pugna de identidades, que eligió el inglés para comunicarse pero escribió casi exclusivamente sobre México, ambientando sus obras en Monterrey. Básicamente dramaturga, sus obras exploran a profundidad la identidad esquizofrénica del mexicano de la frontera, básicamente a través del mestizaje. Es autora de dos magníficas novelas que abordan la misma problemática: la antes citada y Mexican Village.
Es desde esta perspectiva, la de las clasificaciones arbitrarias que devienen estereotipos, que las escritoras de la frontera norte somos tres veces fronterizas, pues tanto nuestra visión del mundo como nuestros intereses temáticos y/o estéticos difieren notablemente de lo que, se cree, atañe en exclusiva a los escritores de la frontera norte. Y aún las autoras que sí escriben desde su perspectiva fronteriza resultan excéntricas en relación con sus, llamémosles, equivalentes masculinos. Aunque considero necesario hacer hincapié en que, contrario a lo que se ha manejado, entre los autores fronterizos varones también son excepcionales quienes centran su obra en la problemática regional, lo cual no repercute en la calidad de la literatura de quienes sí lo hacen. Entre estos últimos podríamos citar a Élmer Mendoza, Heriberto Yépez, Luis Humberto Crostwaite, Eduardo Antonio Parra, Juan José Rodríguez, Gabriel Trujillo, Leonidas Alfaro y César López Cuadras.[3]
Aunque la mayoría de las autoras de la frontera nos encontramos en los versos de la poeta Dana Gelinas donde las partículas de azufre se cuelan al interior de los libros[4], cada una ha asimilado en forma disímil la experiencia. Respecto a las escritoras de la frontera norte que han abordado concretamente a su región, citaríamos a Rosina Conde, Rosario San Miguel, Regina Swain y Estela Alicia López Lomas. El de Rosina es el caso emblemático de este análisis, no solo porque se trata de la única autora de la frontera que ha profundizado en la problemática fronteriza desde una perspectiva femenina, sino por su todavía no reconocida calidad de precursora. Fue, para empezar, el primer autor que desarrolló literariamente el tema del narcotráfico aunque, oh ironía, de la referida novela, Como cachora al sol, sólo se han publicado fragmentos en revistas literarias. A los mismos editores que han hecho su agosto subrayando el ingrediente del narco en las novelas de los autores más representativos de la frontera, dicho tema debe haberles resultado chocante abordado por una mujer que, naturalmente, no presenta la visión idealizada del asunto, sino la que dolorosamente repercute en nuestra cotidianidad. Como apunta Socorro Tabuenca en su ensayo Una perspectiva de género, tanto Rosina como Rosario Sanmiguel vieron circular sus primeros textos en cuadernillos y suplementos culturales de periódicos de la ciudad de México cinco o seis años antes del llamado boom de la literatura de la frontera norte, aunque nadie les reconozca su calidad de precursoras. En sus posteriores relatos, principalmente en la novela La Genara, Rosina continúa abordando la problemática fronteriza, concretamente la que atañe a las mujeres que, no es secreto, son las más afectadas por esta condición borderline pues no requieren transgredir la frontera para padecer toda suerte de humillaciones: las costureras, las obreras, las estudiantes de la secundaria federal, las lesbianas en el caso concreto de La Genara, las jóvenes profesionistas que continúan debatiéndose entre el "debe ser", tan imponente aún por esos lares (baste escuchar la forma en que los asesinos todavía encubiertos de Ciudad Juárez son justificados en aras de la dudosa moralidad de sus víctimas), y el legítimo anhelo de independencia. Aunque sin profundizar tanto como Rosina en el aspecto social, la chihuahuense Rosario San Miguel captura en Callejón Sucre y otros relatos (Eón, 2005) la esencia de su lugar de origen a través de una especie de violencia poética que pone en relieve la sutil pero latente discriminación hacia las mujeres, en todos los ámbitos. La denuncia social, pues, se entrevera en el discurso intimista de la mayoría de sus relatos. Swain, originaria de Monterrey, Nuevo León pero radicada en Ensenada, Baja California, es la narradora emblemática de lo que Canclini denominó ?laboratorio de posmodernidad?. Ningún otro narrador de aquella región ha retratado esta frontera un paso más allá de la realidad, sometida a un perpetuo forcejeo cultural que la coloca entre la espada de una posmodernidad casi apocalíptica y la pared de un letargo extático, de un tiempo detenido o desvanecido. El desparpajo con que Regina incursiona en un género literario tan santificado como el ensayo y la conmovedora franqueza con que se expresa en los mismos, vinculable a la de los relatos que conforman el libro La señorita Supermán y otras danzas (CONACULTA, Instituto de Cultura de Baja California, Fondo Editorial de Baja California, 2001), premio Gilberto Owen 1992, ejemplifican esta actitud experimental y rompedora de quienes lidian día a día con la identidad dividida: "(...) Escribir es, a mi juicio, otra forma de hablar, hablar en tinta y papel, y yo hablo así desde niña (...) Finalmente, si escribir es otra forma de hablar, la literatura debe ser la forma más larga de las conversaciones." (Ensayos de juguete, CONACULTA, Instituto de Cultura de Baja California, Fondo Editorial de Baja California, 1999, p.p 19-22). Regina se ha retirado definitivamente del quehacer literario, por lo menos eso asegura ella. Cabe la esperanza de que cambie de opinión algún día.
Estela Alicia López Lomas, "Esalí", recrea una frontera simbólica, más aún, simbiótica respecto a su voz narrativa que es la voz de la tierra y, por ende, polifónica. Resalta, sin embargo, los aspectos míticos que arraigan a esta región con México no obstante la tentadora proximidad del american dream, con especial énfasis en su novela Terramara (Editorial Vandalay, Culiacán, Sinaloa, 2004). El hecho de haber nacido en Jalisco, aunque radicada en Tijuana desde niña, crea esa maravillosa ambivalencia que nos vuelve conscientes de hasta qué punto los habitantes de la frontera norte defienden su alma contra el diablo: "La identidad individual. La identidad de lo múltiple. La multiplicidad de lo uno. Todos los mexicanos, ¿un mexicano? ¿Cuál? ¿De cuándo? ¿De dónde?".[5] En el sentido de recrear una mitología regional afín a los símbolos de mexicanidad, emparentaría a López Lomas con la sonorense María Antonieta Mendivil (Hermosillo, 1972), quien a través de su primera novela, Otros tiempos (Equilibrio editores, Palabra de Mujer, Sonora, 1999), nos brinda una visión completamente personal del desierto de Sonora, volviéndolo epicentro de una trama apocalíptica donde el lenguaje está en vías de ser proscrito y ha generado un tabú. El lenguaje como arma; la expresión lingüística como amenaza tangible para un régimen que se ha apropiado de ese inmenso mundo desértico del que la poesía no podrá ser desterrada por completo pues no existe otra manera de explicar el desierto mismo: "La palabra así viaja como una espada con vestido de manjar, y se le abren fácilmente las puertas del apetito; dentro, desenvaina, y abre con su filo el telón de la conciencia. Una vez abierta, ésta ya no puede ser la misma." (p. 21) María Antonieta recién ha publicado una novela en la editorial Almuzarah de Sevilla, España: Duelo de noche.
Autora de dos libros de cuentos, Gente menuda y No son gente como uno (ISC, 2003) la sonorense Sylvia Aguilar Zéleny (Hermosillo, 1972), si bien no aborda la problemática regional en su narrativa, no en sentido estricto, narra desde una perspectiva fronteriza, casi siempre femenina, y no escatima el empleo de términos coloquiales y regionales. Su literatura de talante anecdótico y nostálgico, se ha centrado en el ámbito infantil y juvenil y muestra el proceso de maduración de niños criados en el rigor del forcejeo cultural, debatiéndose entre el "acá" y el "allá", lo que necesariamente incendia su imaginación tanto como sus ambiciones. Se advierte también una crítica con respecto a los vecinos, particularmente en el segundo título, crítica elaborada asimismo desde el discurso coloquial y la engañosa inocencia de sus narradores y narradoras.
Zonia Sotomayor Petterson (Hermosillo, 1954) es, en cuanto a temperamento literario, la más sonorense de las escritoras sonorenses. Su primera novela publicada, Los de Moisés (Plaza & Valdés, 2005), hilvana una zaga que me remite instantáneamente a Sonora, donde las familias son muy cuidadosas respecto a conservar las anécdotas de los antepasados a través de la oralidad pero también de testimonios físicos e icónicos, aspecto también observable en la narrativa de Aguilar Zéleny. Los De Moisés es una familia esencialmente trágica, signada por una especie de maldición que está en el aire, que no se explica ni tiene origen específico. Simplemente está ahí y desune físicamente a la familia aunque manteniéndola unida a través de la oralidad. Y si bien alude al destino y a la magia, el tono es arrebatado y pasional y la trama rebosa carnalidad hasta alcanzar la cima de la escatología a través de la innombrada enfermedad que ataca a Héctor María, uno de los protagonistas, y lo carcome hasta dejarlo convertido en un guiñapo sanguinolento. Zonia es autora de otra novela, legendaria no obstante permanecer inédita, Toda la oscuridad del universo, objeto incluso del análisis de Socorro Tabuenca, especialista en literatura de la frontera norte escrita por mujeres quien hace hincapié en la ausencia de la temática lésbica en la literatura de la frontera norte, salvo la novela citada y los relatos "Sonatina" de Rosina Conde y "La otra habitación" de Rosario Sanmiguel.[6]
La narrativa de las autoras fronterizas que analizaremos a continuación no se define por una ubicación geo-política en particular, es decir, no encajan ni estética ni formalmente en un modelo de literatura de la frontera norte, en sentido estricto, no obstante la afinidad ideológica, vivencial y experimental que existe entre estas y las autoras del grupo anterior. En primer lugar citaría a la tamaulipeca Cristina Rivera Garza (Tampico, 1964), la más representativa de la nueva literatura de la frontera norte, único nombre femenino que nunca falta en alguno de esos recuentos arbitrarios. Ganadora en 1999 del premio nacional de novela José Rubén Romero con Nadie me verá llorar, la más representativa de sus novelas y, para algunos, la mejor hasta ahora, Cristina pertenece a ese grupo de escritores "raros", entre los que destacaría también a Sergio Pitol, Carlos Monsiváis o David Toscana, creados no por la mercadotecnia ni por las mafias culturales, sino por los propios lectores, fenómeno que afortunadamente continúa observándose en el panorama nacional no obstante la tan cacareada escasez de lectores. Las novelas y relatos de Cristina transcurren en ámbitos cerrados y atmósferas enrarecidas y, salvo el caso de Nadie me verá llorar, novela de trasfondo histórico desarrollada en el México postrevolucionario de principios del siglo XX, en la ciudad de México para ser exactos, no se alude a una ubicación geográfica en particular. En La cresta de Ilión, por ejemplo, la trama se desarrolla como un sueño: la llegada de una misteriosa mujer a un lugar que pareciera ser hospital pero en realidad es un refugio para moribundos, y que, averiguaremos más tarde, se trata de un homenaje a la no suficientemente valorada escritora mexicana Amparo Dávila, cuya lectura retomamos a través de esta sutil invitación que nos hace Cristina. En Lo anterior se menciona el desierto, y es acaso la única de las tres novelas que pudiera remontarnos a la frontera norte, no tanto por el escenario desértico sino por las referencias a la personalidad de los personajes de esta extraordinaria aunque muy incomprendida novela, no de amor sino sobre el amor.
Nacida en Tamaulipas en 1962 pero radicada desde la infancia en Monterrey, Patricia Laurent Kullick es acaso quien enarbola el discurso más trasgresor de este grupo. En el caso de Patricia no es tanto que la ubicación geográfica sea o no identificable, lo es en varios de sus relatos. Sencillamente no se trata de un dato trascendental para la comprensión de la trama: la narración absorbe completamente los sentidos del lector, como sería el caso de la novela El camino de Santiago (Era, 2004) donde se lleva a cabo una suerte de diálogo esquizofrénico sostenido entre Mina y Santiago, los personajes que habitan a la protagonista que no encuentra su lugar en el mundo y pretende encontrarse a través de los objetos y de los hombres.
Cristina Rascón (Cajeme, 1977) es una joven escritora sonorense cuya principal obsesión es la cultura nipona y esto se refleja no solo en la temática de sus relatos sino sobre todo en la intención revolucionaria y trascendente de los mismos. Su primer libro de relatos, El agua está fría (ISC, 2006), atrapa en forma asombrosa la esencia de la espiritualidad de oriente y la fusiona con la aspereza del desierto sonorense, combinación que parece arriesgada, casi imposible, y sin embargo resulta en una especie de género alternativo que bien podría ser aquel libro de almohada al que hacía mención Sei Shonagon, autora japonesa del siglo X que protagoniza el asombroso relato que abre el citado libro, donde Shonagon no solamente se enfrenta a su legendaria rival, Murasaki Shikibu, autora de la considera la primera novela formal de la historia, Historia de Genji, así como a las demás calígrafas que se disputan el favor de la emperatriz, sino también a una esclava que posee un peculiar talento en caligrafía y composición casi equiparable con el suyo. Los relatos de Cristina pudieran considerarse, asimismo, un extenso haikú de frases cortas, contundentes, poéticas.
Liliana Blum, nacida en Durango en 1974 y radicada desde bebé en Tampico, Tamaulipas, pareciera más tradicional pues sus relatos poseen un enfoque eminentemente feminista, sin embargo es justo por esto que resulta transgresora: retomar el feminismo, insertarlo en esta época aparentemente post-feminista y hacernos ver que hoy, más que nunca, necesitamos afianzarnos a la lucha emanicpatoria pues vivimos algo peor que el pre feminismo, es decir, la ilusión de estar liberadas. El relato La maldición de Eva (tragedia en siete actos), incluido en el libro del mismo nombre (Voces de Barlovento, Tampico, 2002), retrata hasta qué punto la maternidad puede representar la peor pesadilla de una mujer y, al mismo tiempo, su salvación, su inspiración para romper cadenas. Lo que transforma en pesadilla esta experiencia son las condiciones externas, es decir, las taras y prejuicios en torno a la maternidad, bendita y maldita a un tiempo. Aquí es donde surge otra clase de diálogo esquizofrénico de la madre con una sociedad indefinida e incongruente. Liliana es acaso la única escritora de su generación que ha retomado los intereses literarios de Rosario Castellanos desde una posición inquietantemente contemporánea. En ese sentido la siento muy afín con la poeta tijuanense Amaranta Caballero, aunque Amaranta, pese a su juventud, retoma la problemática del ser mujer con firmeza equiparable a la de autoras de los años sesenta o setenta, más con pasión que con rabia: "Cuando se habla de las mujeres/ generalmente se olvidan/ sus significados principales./ Cuando hablan las Mujeres/ el olvido enmudece." (Tres tristes tigras, "Entre las líneas de las manos", CONACULTA, CECUT, 2004).
Considero pertinente incluir a una joven sinaloense que no ha publicado formalmente sus relatos, es decir, no a manera de libro, pero sí en múltiples revistas literarias, y la pertinencia de citarla se debe a dos razones, la principal, su calidad literaria, la segunda por sentido del equilibrio ya que se trata de la única narradora sinaloense que se ajusta al perfil aquí analizado: Elena Méndez (Culiacán, 1981), narradora muy lúdica que gusta de jugar con el lenguaje y la intertextualidad. La ironía dolorosa de sus relatos breves, así como la glamurarización de personajes delictivos femeninos, las "narcas", representa el aspecto más distintivo de su prosa. Y si bien resulta evidente su influencia con otros autores sinaloenses como Juan José Rodríguez y Élmer Mendoza (este incluso aparece como personaje de su delirante relato "Una clase de literatura"), Elena ha sabido digerir muy bien tales influencias y aportar un producto sumamente original e interesante. Sus textos, además, denotan tanta reverencia hacia la literatura como necesidad de no tomársela en serio: "Obsesión, obsesionada con el sexo, alega que Emma debería haber puesto a Charles a leer el Kama Sutra pero, en vez de eso, cayó en la tentación de que tanto su clítoris como su punto G fuesen descubiertos y estimulados por sus amantes (uno por uno, se entiende)."
Como juez y parte de esta corriente literaria, me permito intercalar un comentario respecto a mi propia obra y mi muy personal sentir respecto a la influencia de la frontera norte en ella: ya en un texto previo escribí sobre cómo y en qué condiciones se desarrolló en mí la vocación literaria; nacida en Hermosillo, Sonora, de madre sinaloense, para mayores señas, oriunda de Navolato, mi Macondo norteño, y de padre zacatecano educado en Zurich; les hablaba también de la chiquilla que bebía coca con mucho hielo ante un ventilador, en la habitación de una casa enclavada en pleno desierto y con Charlotte Brontë, Jane Austen y Virginia Wolf como autoras gurús. La combinación de esto con la circunstancia de que por el trabajo de mi padre tuve que cursar mis estudios primarios y secundarios en la ciudad de México, volando a mi natal Hermosillo a la menor oportunidad, pudiera explicar que mi narrativa es fronteriza solo en temperamento, así como que mis personajes suelen ser locos o cuerdos en territorio de locos, o extranjeros atrapados irremediablemente en culturas hostiles, o colonizadores de paraísos artificiales. Fui, pues, una niña cuya educación fluctuaba entre la rigidez de un colegio supuestamente inglés donde rendíamos honores a dos banderas y las vacaciones con una abuela que desplumaba gallinas, y las truculentas historias susurradas entre mis tías sobre mi prima Julie, casada con un narco. ¿Qué mayor esquizofrenia que esa? Naturalmente me identifico con las autoras del segundo grupo. Entiendo lo que quiere decir Inés Arredondo al hablar de lo profundamente que la impactó su pueblo natal, Eldorado, en la construcción de su corpus narrativo. A mí Hermosillo también me influyó en el sentido de que mis novelas son como una pequeña y aséptica ciudad llena de calor y gozo donde te topas con tu mejor amigo de la infancia y te desvías sin pensarlo dos veces e tu camino original, porque la ocasión lo amerita y nada te apura. Mi literatura es tan fluctuante como mi acento exótico. Estoy completamente de acuerdo con Luisa Valenzuela cuando dice, borgeanamente: "Escribir ficción es una búsqueda de tácitos secretos que nos irán acercando al calor del invalorable e inalcanzable Secreto."[7]
Este ensayo aborda exclusivamente a las narradoras porque sería demasiado extenso abarcar todos los géneros, sin embargo me permitiré algunas menciones que considero importantes, y aún así estoy segura de que me quedaré corta: las notabilísimas dramaturgas Bárbara Colio (1969) y Glafira Rocha, bajacaliforniana y sinaloense respectivamente, y las espléndidas poetas Enriqueta Ochoa de Coahuila, así como Carmen Alardín y Minerva Margarita Villarreal de Nuevo León; Laura Delia Quintero de Sonora, Elizabeth Cazessus de Baja California y Dana Gelinas, de Coahuila, , y la muy joven, también regia, Ofelia Pérez Sepúlveda. Me permito mencionar asimismo y por homenaje a la imponente chihuahuense Aurora Reyes, que hace años no está entre nosotros.
NOTA AL MARGEN: DISCULPA DE ÚLTIMA HORA
Cuando emprendí la labor de reunir en apenas unas cuantas cuartillas a las que consideré las escritoras más representativas de la frontera norte, no se me ocurrió que dejaría fuera a algunas que merecen figurar y es que el número de magníficas escritoras de la frontera norte, quizá debido a que la mayoría han publicado en editoriales locales, es, créanme, inabarcable. Es por ello que solicito disculpas por la ausencia de dos excelentes ejemplares que descubrí demasiado tarde, cuando ya esta conferencia estaba por leerse públicamente: María de Alva, originaria de Monterrey y finalista del certamen internacional de novela Fernando de Lara, y Estela Davis, bacaliforniana, nacida en La Paz, sobre cuya pródiga obra me alertó la doctora Martha Piña, con quien compartí tribuna en aquella ocasión. Me hubiera encantado analizar también a otra interesantísima autora que publicó su primer libro de cuentos después de rendida mi conferencia: Mayra Luna.
Considero menester, asimismo, mencionar Ocho ensayos sobre narrativa femenina de Nuevo León, de la autoría de Hugo Valdés (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 2006), de los más representativos narradores de la frontera norte, analiza en forma muy inteligente la literatura de sus muy poco atendidas colegas mujeres entre las que se cuentan Josephina Niggli y Patricia Laurent Kullick. Agrega, sin embargo, a otras autoras no citadas por mí pero cuya obra parece sumamente valiosa e interesante: Adriana García Roel, Irma Sabina Sepúlveda, Rosaura Barahona, Cris Villarreal Santos, Dulce María González y Gabriela Riveros, publicadas a nivel local? aunque ya sabemos que lo publicado en las grandes editoriales no necesariamente es lo mejor.
Como verán, el tema daba para un libro más que para una conferencia? y al cabo de unos años hará falta una enciclopedia de escritoras de la frontera norte.
[1] Inés Arredondo, Obras completas, Siglo veintiuno Editores, 4a edición, 2002
[2] Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, serie Árido Reino, 2003
V Y aún estos autores abandonan ocasionalmente su entorno para explorar otras posibilidades, caso concreto de Mendoza, Rodríguez y Trujillo, autor este último de un volumen completo de cuentos de ciencia ficción.
[4] Altos hornos, editorial Praxis, 2006.
[5] Terramara, p. 13
[6] Mecerse entre fronteras. La literatura de mujeres fronterizas, mexicanas y chicanas?, Revista Quimera, No. 258, junio 205, Barcelona, España.
[7] Escritura y secreto, Cuadernos de la Cátedra Alfonso reyes del Tecnológico de Monterrey, Tec de Monterrey, Ariel, México, 2002, p.p 18 y 19)
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